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DEMOCRACIA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN: Actuales desafíos de una relación esencial

Es bien sabido que la libertad de expresión constituye una de las bases esenciales de la democracia. Existe entre ambas una relación estrecha e interdependiente. No es casual, por tanto, que la Corte Interamericana de Derechos Humanos haya señalado que la libertad de expresión es una “piedra angular” en la existencia misma de una sociedad democrática.

Durante poco más de dos décadas, la democracia global gozó de una relativa estabilidad. Sin embargo, los datos actuales nos muestran un panorama complejo, cambiante y marcado por nuevas formas de amenaza a la democracia y por tanto a la libertad de expresión.

Según el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional) en su informe de septiembre de 2026, señala que el mundo acumula ya once años consecutivos en los que son más los países que muestran un descenso neto en su desempeño democrático que aquellos que mejoran. Esta crisis además se ha evidenciado con la mayor caída de la libertad de expresión en 50 años, que ciertamente ha sido el componente democrático más golpeado este último año. Al respecto, el “Democracy Report 2026” de la V-Dem destaca que en el 2000 a nivel global solo 5 países limitaban la libertad de expresión y 52 la expandían, en 2025 esto se revirtió drásticamente, registrando un deterioro en 44 naciones y mejoras en apenas 11.

Este declive global democrático ha alcanzado incluso a los estados considerados los más estables, con un énfasis crítico en los Estados Unidos. Esta nación que incorporó tempranamente la libertad de prensa en su Primera Enmienda constitucional del año 1791 como un derecho protegido, paradójicamente, casi dos siglos y medio después se presenta como uno de los países con mayores limitaciones a la libertad de expresión. El V-Dem advierte que, bajo la actual administración, los indicadores de libertad de expresión, prensa y libertades civiles han caído a su nivel más bajo en 60 años.

El panorama global evidencia un retroceso preocupante de la democracia y de la libertad de expresión. Sin embargo, América Latina tiene una situación particular. De acuerdo con el Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), América Latina y el Caribe continúa siendo la región más democrática del mundo en desarrollo. No obstante, existen diferencias profundas entre los países que la integran. En este contexto, el deterioro democrático de El Salvador resulta especialmente ilustrativo: según Freedom House, el país es clasificado como “parcialmente libre”, en un contexto marcado por una creciente concentración del poder en el Ejecutivo y por riesgos para periodistas y organizaciones de la sociedad civil.

Casos como estos permiten plantear una cuestión central: ¿cuál es el papel que están tomando quienes ejercen el poder en la preservación o el debilitamiento de los contrapesos democráticos?

En el célebre libro “Cómo mueren las democracias”, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt precisan que el autoritarismo contemporáneo ya no emerge a través de golpes militares o revoluciones. Por el contrario, las democracias actuales mueren mediante el lento y progresivo debilitamiento de las instituciones esenciales, como el sistema jurídico y la libertad de prensa. En este sentido, las democracias ya no se ven interrumpidas por una ruptura violenta, sino desde dentro y mediante el uso de sus propios mecanismos democráticos. Y es precisamente aquí donde aparecen las nuevas amenazas de nuestro tiempo: amenazas que ya no llegan desde fuera de la democracia, sino que pueden surgir desde su propio interior.

En El Salvador, el PNUD identifica la concentración del poder y el debilitamiento de los sistemas de pesos y contrapesos entre las formas de presión que enfrentan las democracias de la región. En la misma línea, Freedom House señala que el Ejecutivo salvadoreño ha concentrado el control sobre el Legislativo, el Poder Judicial y las instituciones de supervisión, mientras que periodistas independientes enfrentan acoso, intimidación y amenazas.

En Estados Unidos, el V-Dem también identifica un deterioro de diversos componentes democráticos durante la segunda presidencia de Donald Trump, entre ellos los límites al poder ejecutivo y la libertad de expresión. Un ejemplo de ello se produjo el 18 de septiembre de 2026, cuando Trump anunció la prohibición de CNN, MS NOW y Político en la Casa Blanca, alegando que estos medios difunden “noticias falsas”. Al día siguiente, periodistas de esos medios fueron impedidos de ingresar al recinto.

En ambos casos, los gobernantes llegaron al poder mediante procesos electorales, pero sus gobiernos han justificado determinadas medidas de concentración o ampliación del poder ejecutivo como necesarias para proteger a la población frente a amenazas y garantizar su seguridad. Y, por supuesto, las amenazas actuales también alcanzan al ámbito de la información y, si bien son reales, también pueden ser utilizadas a favor de este tipo de gobiernos, en un contexto marcado por el impacto de la tecnología, que ha transformado profundamente la estructura de la información.

International IDEA ha documentado cómo la inteligencia artificial generativa ya ha comenzado a utilizarse en contextos electorales para producir contenidos engañosos, incluidos deep fakes, audios manipulados y herramientas capaces de generar mensajes dirigidos a audiencias específicas. En América Latina, su estudio sobre las elecciones de Brasil y México de 2024 muestra precisamente cómo estas tecnologías pueden utilizarse tanto para informar y participar como para engañar y manipular.

¿Qué ocurre cuando una imagen, una voz o un video pueden ser creados artificialmente y parecer completamente reales? ¿Qué sucede cuando una narrativa falsa se difunde masivamente en cuestión de segundos? Y, sobre todo, ¿cómo puede una democracia proteger la libertad de expresión frente a las amenazas de la desinformación y la Inteligencia Artificial sin que la respuesta regulatoria del propio Estado termine asfixiando el derecho que busca defender?

Combatir la manipulación informativa sin que sea una justificación para limitar de manera desproporcionada la libertad de expresión es una de las nuevas tensiones para las democracias.

Lamentablemente, las actuales leyes contra las fake news, concebidas en principio para proteger el debate público frente a la desinformación, también han sido mal utilizadas en contextos de concentración del poder. La UNESCO identificó al menos 57 leyes y regulaciones en 44 países, adoptadas o modificadas desde 2016, que contienen disposiciones vagas o sanciones desproporcionadas, generando riesgos para la libertad de expresión y los medios de comunicación.

Las bases de una democracia sólida no dependen únicamente de la existencia de elecciones, sino de una ciudadanía que participe libre y efectivamente en los asuntos públicos, intercambiando ideas, cuestionando a quienes gobiernan, denunciando abusos y, por supuesto, con libre acceso a información fiable.

No hay democracia sin libertad de expresión; y tampoco hay democracia sin participación ciudadana. Por ello, su defensa no puede residir únicamente en los textos constitucionales, sino en una ciudadanía activa y crítica. La protección de la verdad y las instituciones tiene que ser también un ejercicio cotidiano de control ciudadano.    

Por Pamela Alcázar, escritora y analista internacional, con formación en Relaciones Internacionales y Administración. Actualmente cursa el Máster en Gobernanza y Derechos Humanos en la Universidad Autónoma de Madrid. Colaboradora de FIBGAR.

Referencias:

Corte Interamericana de Derechos Humanos (1985). La colegiación obligatoria de periodistas (arts. 13 y 29 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos). Opinión Consultiva OC-5/85, de 13 de noviembre de 1985, Serie A No. 5.Texto oficial de la Opinión Consultiva OC-5/85

Levitsky, Steven y Daniel Ziblatt. Cómo mueren las democracias. Barcelona: Editorial Ariel, 2018.

Nord, M., Altman, D., Fernandes, T., Good God, A., & Lindberg, S. I. (2026). Democracy Report 2026: Unraveling The Democratic Era? University of Gothenburg: V-Dem Institute. https://www.v-dem.net/documents/75/V-Dem_Institute_Democracy_Report_2026_lowres.pdf

SweDev. (31 de marzo de 2026). V-Dem Democracy Report 2026. https://swedev.dev/v-dem-democracy-report-2026

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (2026). Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026: Democracias bajo presión. Reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe. PNUD.

Freedom House (2026). El Salvador: Freedom in the World 2026 Country Report. Freedom House.

Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral. (2026). The Global State of Democracy 2026: Democracy in an Age of Conflict. International IDEA. https://www.idea.int/publications/catalogue/global-state-democracy-2026-democracy-age-conflict

Reglamento (UE) 2022/2065 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de octubre de 2022, relativo a un mercado único de servicios digitales y por el que se modifica la Directiva 2000/31/CE (Reglamento de Servicios Digitales). Diario Oficial de la Unión Europea, L 277, de 27 de octubre de 2022, págs. 1 a 102.

UNESCO (2022). World Trends in Freedom of Expression and Media Development: Global Report 2021/2022. París: UNESCO.