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AGNU 81: Derechos humanos, derecho internacional y el futuro del multilateralismo

Del 22 al 28 de septiembre de 2026, líderes mundiales se reunieron en Nueva York para el debate general del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), celebrado en el marco de la Semana de Alto Nivel de las Naciones Unidas de 2026. Bajo el lema “Restablecer la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que respondan a las necesidades de todos”, la sesión estuvo marcada por conflictos armados persistentes y crecientes divisiones geopolíticas, situando el derecho internacional, los derechos humanos y la eficacia del sistema multilateral en el centro de la agenda internacional.

            Al inaugurar el debate general, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, sostuvo que los desafíos globales no pueden analizarse de forma aislada. Al referirse a los conflictos armados, la desigualdad, el cambio climático y la inteligencia artificial, advirtió: “No se trata de crisis aisladas, sino de capítulos de una misma historia: la historia del poder”. Vinculó así estos desafíos con una cuestión central: quién posee el poder, cómo se ejerce y cómo puede limitarse, planteando si estará regido por el derecho o por la fuerza, y por la cooperación o la coerción.

            Esta cuestión resulta especialmente relevante desde una perspectiva de derechos humanos. En Oriente Medio, Ucrania, Sudán y Myanmar, la población civil sigue enfrentándose a violencia, desplazamientos y restricciones de acceso a servicios esenciales y asistencia humanitaria. Guterres instó por ello a los Estados a defender la Carta de las Naciones Unidas “sin doble moral”, proteger a los civiles sin excepción y exigir rendición de cuentas “sin temor ni favoritismos”. Sus palabras ponen de relieve un desafío central: la credibilidad del derecho internacional depende no solo de la existencia de normas comunes, sino también de su aplicación coherente.

            Uno de los ejemplos más claros fue la situación en Gaza y el territorio palestino ocupado. Aunque condenó los ataques de Hamás del 7 de octubre, Guterres describió lo que siguió como “una acometida contra la población palestina de Gaza”. También recordó las medidas provisionales jurídicamente vinculantes dictadas por la Corte Internacional de Justicia, y subrayó que “todas las partes deben atenerse al derecho internacional y los autos y providencias de la Corte”. Asimismo, advirtió que la violencia, los desplazamientos y la expansión de los asentamientos en Cisjordania ocupada siguen socavando la solución de dos Estados.

            Ante la Asamblea General, el Presidente del Estado de Palestina, Mahmoud Abbas reafirmó su apoyo a una solución de dos Estados y destacó el derecho internacional, la autodeterminación y el rechazo al desplazamiento. Abbas afirmó que “el pueblo palestino no aceptará el desplazamiento” y que “no existe una seguridad permanente que pueda basarse en la ocupación de otro pueblo y en la privación de sus derechos legítimos”.

            Las divisiones en torno al conflicto también se hicieron visibles durante la intervención del Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Decenas de delegados abandonaron el Salón de la Asamblea General al inicio de su discurso. Netanyahu presentó las acciones militares de Israel como legítima defensa tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, rechazó las acusaciones de genocidio en Gaza y sostuvo que Israel había tomado medidas para limitar los daños a la población civil.

            Las circunstancias de ambas intervenciones también plantearon cuestiones de acceso y rendición de cuentas dentro del sistema internacional. Por segundo año consecutivo, Estados Unidos denegó visados a Abbas y a miembros de la delegación palestina,lo que llevó a la Asamblea a autorizar su participación mediante una declaración pregrabada. Netanyahu, en cambio, viajó a Nueva York pese a seguir sujeto a una orden de detención emitida por la Corte Penal Internacional en noviembre de 2024 por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Aunque se trata de situaciones jurídicamente distintas, el contraste puso de relieve el acceso, la rendición de cuentas y la credibilidad de las instituciones internacionales.

            Más allá de los conflictos concretos, el Debate General también puso de relieve la eficacia y legitimidad del sistema multilateral. Al clausurar el debate, el Presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, subrayó que restablecer la confianza exige coherencia, aplicación igualitaria del derecho internacional, rendición de cuentas y representación. Las demandas de reforma se centraron también en el Consejo de Seguridad, cuya composición sigue reflejando el orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Tanto Rahman como Guterres destacaron la ausencia de representación africana permanente en el Consejo como muestra de la necesidad de reforma.

            La 81.º Asamblea General puso de manifiesto tanto la importancia como las limitaciones de la cooperación multilateral. El Debate General mostró que el derecho internacional y los derechos humanos siguen siendo referencias fundamentales incluso en contextos altamente polarizados. Su credibilidad depende, sin embargo, de una aplicación coherente, una rendición de cuentas efectiva y unas instituciones capaces de responder eficazmente. Como señaló Guterres, “las Naciones Unidas existen porque el ejercicio del poder debe regirse por normas”. Restablecer la confianza en esas normas sigue siendo uno de los principales desafíos de las Naciones Unidas.

Simon Vassal, colaborador de FIBGAR