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Alianzas para el desarrollo sostenible

Al aprobar la Agenda 2030 en septiembre de 2015, los 193 Estados Miembros de las Naciones Unidas no solamente lograron firmar un acuerdo político global histórico, que va mucho más allá que los antiguos Objetivos de Desarrollo del Milenio, sino que también reconocieron explícitamente la relevancia de un compromiso colectivo internacional para garantizar la sostenibilidad y el desarrollo económico, social y ambiental de nuestras sociedades.

Tocando amplias y diversas áreas de intervención, la Agenda 2030 dibuja una hoja de ruta para la prosperidad humana que incluye e integra a través de vínculos indivisibles y entrelazados las múltiples dimensiones que influyen en el progreso de las personas, sin limitarse al mero crecimiento económico.

De esta manera, se acogieron aquellas ideas avanzadas por los intelectuales Amartya Sen y Mahbub Ul Haq y luego recogidas en el primer Informe de Desarrollo Humano de 1990, con el fin de crear un nuevo paradigma de desarrollo inclusivo y sostenible, que persiga el bien común por encima de los intereses particulares, en especial frente a problemas globales como la pobreza, la desigualdad, la exclusión social, el agotamiento de los recursos naturales y el traspaso de los límites planetarios, junto con el creciente interés por la gobernanza democrática y por una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones.

Sin embargo, un modelo tan ambicioso implica cambios sistemáticos coherentes en las dimensiones económica, social y ambiental, que solo pueden realizarse a través de la colaboración entre todos los varios actores (públicos, privados y sociedad civil) que son piezas clave en varias áreas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Los Estados comprendieron que la única manera de alcanzar los ODS es incentivar a gobiernos, sector privado y sociedad civil a crear alianzas. Por eso, incluyeron el objetivo 17, que se centra en apoyar el fortalecimiento de los medios de ejecución y reavivar la alianza mundial para el desarrollo sostenible.

Bajo el lema “Alianzas para lograr los objetivos” el decimoséptimo objetivo representa la conditio sine qua non para que los primeros 16 objetivos contribuyan de manera transformadora a la sostenibilidad.

A diferencia del octavo Objetivo de Desarrollo del Milenio, que resultó asignando tareas a la comunidad donante sin impulsar una alianza que involucrara a todos los actores, el ODS 17 requiere nuevas formas de colaboración que se distancien de los compromisos ad hoc y se encaminen hacia acuerdos más sistemáticos, coherentes e integrados.

En este marco, el objetivo apunta a movilizar fondos públicos y privados, nacionales e internacionales, para garantizar que los países desarrollados cumplan con sus compromisos con la asistencia para el desarrollo y a ayudar a los países en desarrollo a lograr la sostenibilidad de la deuda a largo plazo. Asimismo, convoca a todos los actores interesados a mejorar la cooperación regional e internacional  en materia de ciencia, tecnología e innovación y promueve un sistema de comercio multilateral universal, basado en normas, abierto, no discriminatorio y equitativo. 

Además, hace de la disponibilidad de datos oportunos, fiables y de alta calidad una prioridad para medir los progresos logrados en materia de desarrollo sostenible.

Ahora más que nunca, el mundo requiere este esfuerzo común ya que la crisis desatada por la pandemia hará retroceder muchos de los logros conseguidos en los últimos años.

Al acentuar los desafíos ya existentes, como las desigualdades crecientes, la destrucción de hábitats y extinción de especies, la emergencia climática, la degradación de la democracia y de las instituciones del estado del bienestar, la pérdida de derechos sociales y económicos, las brechas de género, la pandemia pone de manifiesto la necesidad tanto de seguir el camino trazado por la Agenda 2030 como de favorecer alianzas coherentes e integrales para dar una respuesta adecuada y eficaz a la crisis que estamos viviendo.

Entonces, si podemos sacar una enseñanza de la COVID-19, es que somos mucho más vulnerables de lo que pensábamos y que no tenemos otra opción que la de trabajar juntos para que nadie se quede atrás.

Alessia Schiavon, Departamento Legal, FIBGAR.