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Del estigma a la acción

El 1 de marzo celebramos el Día de la Cero Discriminación, impulsado por el Programa de las Naciones Unidas contra el VIH-SIDA (ONUSIDA). Fue su anterior Director Ejecutivo, Michel Sidibé, quien explicó alto y claro la importancia de esta jornada, reclamando que no alcanzaríamos las metas en temas de salud ni ninguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible sin plantarle antes cara a la discriminación.

Por tanto, esta fecha es una oportunidad para reivindicar la discriminación sufrida por las personas con VIH, que les afecta en múltiples ámbitos, como el sanitario (donde los profesionales podrían negarse a proveer atención), el interpersonal o el social. En efecto, estas se enfrentan a un importante estigma, lo que puede llevar a su ocultación por el miedo al rechazo.

ONUSIDA reveló en 2018 que unas 860 mujeres adolescentes y jóvenes se contagian de VIH al día, y en 105 de 142 países encuestados en 2019, los adolescentes menores de 18 años necesitan consentimiento parental para realizarse una prueba del virus. Además, en 86 países necesitan autorización para el tratamiento.

Esta situación vulnerable se ve contrarrestada por algunos datos positivos. Por ejemplo, el pasado enero el Tribunal Constitucional de Kirguistán eliminaba a las personas con VIH de la lista de individuos que no pueden adoptar, asumir custodia o ser padres y madres de acogida en el país.

De igual manera, el 95% de las mujeres con VIH de Uganda ya tienen medios para evitar la transmisión vertical maternofilial de la enfermedad. Por ello, desde el 2009 han disminuido en un 86% este tipo de infecciones.

ONUSIDA va más allá de la discriminación por VIH, concienciando y promoviendo la igualdad y el empoderamiento de las mujeres y las niñas. ONU Mujeres destaca que, mundialmente, el 35% de las mujeres han experimentado violencia física o sexual, ya sea por una pareja íntima, o por otra persona, con mayor probabilidad de sufrir depresión, abortos e infección por VIH que el resto de mujeres.

Además, la discriminación legal de la mujer se manifiesta en el matrimonio infantil, o en cuestiones relacionadas con la propiedad, la herencia, el salario, la educación o la salud sexual y reproductiva todavía en numerosos países. Otros factores discriminatorios son la criminalización del trabajo sexual, de las personas transgénero, o del consumo de drogas, que afecta desproporcionadamente a las mujeres, con mayor probabilidad de ser encarceladas, sobornadas, abusadas y violadas por agentes del orden, según ONUSIDA.

La reivindicación de esta jornada del 1 de marzo no termina ahí, sino que se busca visibilizar cualquier tipo de discriminación, apelando a la discriminación por razón de nacionalidad, sexo, edad, origen nacional o étnico, condición u orientación sexual, y religión.

Así las cosas, una no puede dejar de mencionar la discriminación sufrida por el colectivo LGBTI. De hecho, son muchos los estados que penalizan las prácticas homosexuales, tanto en el plano legal como en el social.

Según el último Informe Homofobia de Estado (2020) que publica la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA), las relaciones sexuales entre personas adultas del mismo sexo son ilegales en 69 estados, con referencias como “actos contra natura” o “indecencia” en sus leyes. Hasta en doce de ellos, además, se castigan con la pena de muerte, como la muerte por lapidación en Nigeria.

Asimismo, en 42 estados de la ONU se observan limitaciones al derecho a la libertad de expresión en relación con la diversidad sexual y de género, a través, por ejemplo, de la censura en las películas o la persecución de las comunicaciones en las aplicaciones para citas.

No obstante, también hay enormes avances. Desde el 2001 el matrimonio igualitario se ha legalizado en 30 países, y en otros se permiten las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Y cada 28 de junio se reivindica internacionalmente la lucha por la igualdad y la dignidad de este colectivo.

Sin duda, la discriminación abarca a otros tantos grupos que se enfrentan a prejuicios, estigmas e impedimentos legales y sociales en todo el mundo. Tomando el testigo de Sidibé, está en nuestra mano plantarle cara a la discriminación y luchar hoy, pero también el resto del año, por la concienciación, la acción y la responsabilización individual para construir una sociedad más tolerante y respetuosa.

Cristina Molina Campos. Colaboradora de FIBGAR