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Depende de nosotros

Este año que acaba será difícil de olvidar. No sólo recordaremos, durante mucho tiempo, la pandemia y sus nefastas consecuencias a nivel social e individual, sino también, muchos de los sucesos iniciados en este período continuarán provocando sus efectos varios años después.

Se ha dicho que estamos en el principio del fin, y es verdad, pues la vacunación ha comenzado, pero será un proceso lento que llegará a todo el país hacia finales del 2021. A nivel global, en cambio, no estaremos verdaderamente protegidos como especie humana hasta que no se haya vacunado a toda la población mundial, lo que podrá tardar, en el mejor de los casos, uno o dos años más. A todo ello debemos sumar la crisis económica, tan nefasta como la sanitaria, que ha hecho estragos en los bolsillos de millones de personas en todo el mundo, cuya recuperación irá a la par de la disminución progresiva de las restricciones sanitarias. El transporte de personas, el turismo, la hostelería, el ocio y la cultura, son sectores que lo seguirán pasándolo mal durante un tiempo.

Pero este año que acaba también nos ha dejado oportunidades y desafíos pendientes para los años venideros, como el temido cambio climático, que ha puesto en jaque a la humanidad. Se ha agotado el tiempo para retóricas vacías y malas prácticas que se repiten año tras año sin un cambio real. Se requiere con urgencia disminuir la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero, pues según los expertos, si no alcanzamos la neutralidad climática antes del 2050, el daño a los ecosistemas será irreversible y estaremos frente a una crisis ambiental sin precedentes, a sabiendas de que es del todo evitable.

Por ello preocupa de sobremanera que, en los “mercados futuros” de la Bolsa de Wall Street, este año se haya comenzado a transar el agua como materia prima escasa. Esto equivale a entregar a las grandes corporaciones el poder de decidir sobre el futuro de la vida en nuestro planeta. Que el agua cotice en bolsa es uno de los peores errores de la humanidad en nuestro tiempo, pues además de un bien escaso, el acceso al agua es un derecho humano esencial, presupuesto básico de la vida y la biodiversidad.

La crisis climática trae aparejada también una emergencia humanitaria. La inmigración irregular se ha disparado, con miles de inmigrantes que arriesgan sus vidas con la esperanza de forjarse un futuro mejor, huyendo de guerras, dictaduras, pobreza extrema y ahora, también, del hambre y la sed por la escasez de agua. Europa lleva demasiado tiempo mirando para otro lado, evitando encarar el problema de manera coordinada y solidaria. La Agencia Europea de Fronteras (Frontex) recomienda establecer diálogos con los países del norte de África, para mejorar el uso de los recursos financieros, a la vez que estima que deben ser aumentados los asignados a Marruecos para que pueda hacer frente a esta nueva crisis, en especial, la observada en las Islas Canarias. Algo que Marruecos parece utilizar como moneda de cambio para sus pretensiones en el Sáhara Occidental, un territorio y un pueblo que sigue a la espera de un referéndum de autodeterminación, cuyo nuevo plazo era precisamente este año 2020.

La situación del Sáhara Occidental es el mejor ejemplo de una descolonización mal hecha en la que las tareas pendientes lastran el futuro de una nación completa. España tiene una enorme responsabilidad que se resiste a asumir. Este año el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas opto por prorrogar la misión en el Sáhara Occidental debido a que miembros de la delegación resultaron positivo por COVID – 19, ante lo cual, el Frente Polisario expresó su disconformidad, reiterando que no existen acciones concretas que aseguren el cumplimiento del acuerdo plasmado en la Resolución 690, del 29 de abril de 1991.

Pero no todo han sido malas noticias. Después de 30 largos años desde que Pinochet dejara el poder, el pueblo chileno ha decidido mediante un plebiscito romper con la Constitución impuesta por el dictador y darse una nueva carta fundamental. Quienes desean mantener el statu quo ya han comenzado a hacer todo lo posible para manejar a su haber este proceso democrático, pero no les será fácil porque chilenas y chilenos parecen haber abierto aquellas anchas alamedas para construir un futuro mejor para todas y todos.

En el vecino Perú, finalmente hemos de celebrar y agradecer que, nuevamente, el pueblo organizado impidiera lo que a todas luces era otro golpe de Estado blando en América Latina. A principios del mes de noviembre, el Congreso destituyó a Martín Vizcarra, nombrando como Presidente de la República a Manuel Merino, quien finalmente se vio obligado a renunciar ante las constantes y crecientes protestas, lo que obligó a buscar una nueva salida constitucional, esta vez con la presidencia interina del congresista Francisco Sagasti.

Este año Bolivia regresó por fin a la normalidad, tras el Golpe de Estado contra el presidente electo Evo Morales, que debió salir al exilio, primero a México y luego a Argentina, mientras se sucedían graves atropellos a la ciudadanía, con una serie de crímenes cometidos por agentes del Estado, y la presidenta ilegítima imponía un discurso racista, suscribiendo acuerdos comerciales con Estados Unidos. Finalmente fue elegido el candidato del MAS, Luis Arce, y Evo Morales pudo regresar a su país como un hombre libre.

Colombia sangra y no deja de sangrar, al punto de hacer peligrar los acuerdos de paz. La inacción del Estado, encabezado por el presidente Duque, supera la negligencia y comienza a tener visos de complicidad.

El auge del fascismo en todo el mundo es otro fenómeno preocupante que durante este 2020 se ha hecho notar, sobre todo en el manejo de la pandemia, con personajes como Bolsonaro o Trump, por no hablar de Polonia y Hungría que bloquearon los fondos europeos para la recuperación económica, a cambio de que no les obstaculizase su deriva autoritaria. Pero el caso de Estados Unidos es el más preocupante, no sólo porque Trump se resiste a reconocer su derrota y presionó a todas las instituciones electorales, los tribunales, la inteligencia y las fuerzas armadas para que avalaran un supuesto fraude que nunca existió, sino que, no lo olvidemos, él mismo alentó el resurgimiento del racismo tras la muerte de George Floyd a manos de la policía en el vecindario de Powderhorn en la ciudad de Minneapolis. Fue impresionante ver estos sucesos en el que se autoproclama el país de la libertad y la democracia, del sueño americano, de las oportunidades para todos los que quieran esforzarse por un futuro mejor. Tales sucesos nos han enrostrado que todavía perdura la idea fascista de que existen unas razas superiores a otras, que se sienten con el derecho de imponer su supremacía a cualquier coste, así sea la violencia y la muerte. Esto nos plantea la urgente necesidad de realizar acciones a fin de relevar y, sobre todo, de comprender, que la defensa que hiciera Martin Luther King Jr. de los derechos civiles es una tarea aún pendiente, no sólo en Estados Unidos sino también en otras latitudes, incluida España, que tan mal ha tratado a la etnia gitana a pesar de ser parte inescindible de su propia identidad.

¿Vendrán tiempos mejores el próximo 2021? sin duda, pero no olvidemos que tan importante como lo que sucede, es cómo enfrentamos aquello que nos sucede. El rumbo que sigamos, en gran parte depende de nosotros.

Rodrigo Lledó, director. Consuelo León, colaboradora. FIBGAR