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Día internacional contra la tortura

Hoy, 26 de junio, se conmemora el Día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura, marcado por el día en que entró en vigor, en 1987, la Convención de Naciones Unidas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, que se ha convertido en el principal instrumento para luchar contra esta práctica.

De acuerdo con el art. 1 de la Convención se entiende por tortura: todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”.

La tortura es una práctica que destruye emocionalmente a la víctima, al atacar directamente a la dignidad intrínseca de todo ser humano. Es considerado como uno de los actos más terribles que un ser humano puede cometer contra sus semejantes. Genera unas secuelas que van más allá del acto en sí, pues produce consecuencias físicas y psicológicas que pueden transmitirse de generación en generación, al establecer un ciclo de violencia. Es como si el ser humano perdiera su humanidad.

Ninguna circunstancia, ni siquiera la guerra, el estado de emergencia pública o una amenaza terrorista, puede justificar el recurso a la tortura o los malos tratos. Esta prohibición está universalmente aceptada como principio fundamental del derecho internacional constitudinario y, por lo tanto, es vinculante para todos los Estados. De hecho, la prohibición universal y absoluta de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes está plasmada no solo en el derecho internacional de los derechos humanos, sino también en el derecho internacional humanitario, el derecho de los refugiados, y además, su práctica sistemática y generalizada es considerada un crimen contra la humanidad, como establece el artículo 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, cuando se practica de manera generalizada o sistemática.

A pesar de esto y de los múltiples mecanismos nacionales, regionales e internacionales que vigilan el cumplimiento de las obligaciones y normas pertinentes por parte de los Estados, la tortura sigue estando presente en todas partes del mundo, especialmente en países en conflicto. En muchos países es una práctica habitual en cárceles y centros de detención, estando incluso legitimada para casos de sospechosos de terrorismo o delitos similares, siendo practicada por funcionarios o con la aquiescencia de ellos, con la finalidad de obtener una confesión. Y en los últimos años se ha visto como también los migrantes son vulnerables a estos actos, ya sea en las rutas migratorias en las que se pueden topar con mafias que les secuestran o chantajean, o en los centros de detención de inmigrantes, situaciones que han ido empeorando por efecto de la pandemia del COVID-19.

Desde Naciones Unidas se llevan a cabo múltiples programas para la rehabilitación y recuperación de las víctimas de tortura, y la experiencia ha demostrado que es posible superar el trauma sufrido por estas prácticas. El principal programa es el Fondo de Contribuciones Voluntarias de Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura, que se centra en prestar servicios jurídicos, sociales, humanitarios, psicológicos y médicos.

Pero aparte del apoyo y la rehabilitación, es muy importante mantener viva la memoria de las víctimas de grandes violaciones de los Derechos Humanos, que se invoca a través del derecho a la verdad. Es un derecho que surge de las exigencias de víctimas y familiares de víctimas de ejecuciones sumarias, desapariciones forzosas, secuestro de menores o torturas, que exigen saber qué sucedió, lo que implica no sólo conocer qué es lo que pasó y por qué pasó, sino sobre todo quiénes fueron los responsables y las circunstancias.

Por ello, el objetivo de este día es fomentar la memoria de las víctimas de estas grandes violaciones de derechos humanos y rendir homenaje a quienes han dedicado su vida a combatir esta lacra social. Desde FIBGAR siempre hemos dado mucha importancia a la memoria y el derecho a la verdad, como medio de sanación colectiva al enorme dolor causado por los grandes crímenes internacionales que han ocurrido en la historia reciente de nuestros pueblos.

Alejandro García, colaborador FIBGAR