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Día Internacional de la Democracia: el proceso hacia las libertades

Cada 15 de septiembre desde 2007 la comunidad internacional tiene una cita con la democracia. Y este año, tras los estragos de una pandemia que ha trastocado las libertades y derechos fundamentales de la ciudadanía, su celebración es más especial si cabe.

Naciones Unidas ha definido la democracia no solo como una meta, sino también como un proceso. Un camino marcado por los valores de la libertad, particularmente de asociación, expresión y opinión, y por la separación de poderes, la independencia del poder judicial, la pluralidad de partidos políticos, el respeto a los derechos humanos, la celebración de elecciones transparentes, libres y periódicas por sufragio universal, o unos medios de comunicación independientes e informativos. 

La participación de toda la sociedad civil es esencial, como el propio significado de la palabra indica (demos, en griego ‘pueblo’, y kratos, ‘poder’). Así, desde que se creó este sistema en la antigua Atenas hasta nuestros días, la democracia ha ido asentando sus raíces en diferentes puntos del mapa, incluyendo paulatinamente a diferentes colectivos en sus procesos participativos. No sin importantes batallas, la inclusión de las mujeres, los inmigrantes, los jóvenes, los pueblos indígenas, o las personas con diversidad funcional se ha ido fomentando y fortaleciendo. Su plena participación en los procesos democráticos y su representación institucional son clave, y prácticamente una obligación, para asegurar su bienestar y la protección de sus derechos.

Para que la democracia se constituyese como sistema, los diferentes pueblos han tenido que sacrificarse y organizarse a lo largo de la historia. En 1789 los franceses iniciaron la Revolución Francesa para hacer frente a la monarquía absoluta, en 1833 se aprobó la ley de abolición de la esclavitud en el Imperio Británico, las revoluciones de 1848 abrieron el camino hacia la democracia en Europa central, y en 1870 la inclusión de la 15ª enmienda a la Constitución estadounidense permitió el voto a los hombres afroamericanos. Más recientemente, la Segunda Guerra Mundial en Europa occidental, el fin de numerosos conflictos armados en todo el mundo, el proceso de descolonización o el colapso de la Unión Soviética han dado pie a diferentes procesos de democratización, con sus respectivas constituciones.  

No obstante, la democracia se ha enfrentado y continúa enfrentándose a considerables retos, y está lejos de ser el sistema imperante en el mundo actual. En un tablero geopolítico de autocracias, teocracias, regímenes híbridos, y democracias imperfectas, encontrar la democracia perfecta es una tarea tan complicada como improbable. De esa labor se encarga The Economist, que cada año lanza su Democracy Index, cuya última edición trajo malas noticias para la comunidad internacional.

En efecto, en el último año, prácticamente el 70% de los países registraron una caída en su puntuación, principalmente por el recorte de derechos y libertades para contener el COVID-19, incluyendo confinamientos obligatorios, control de reuniones y aforos, o una creciente monitorización de los discursos en el mundo digital. El resultado ha sido una disminución de la puntuación global hasta su rango más bajo desde 2006.

A partir de 60 indicadores enfocados en pluralismo y procesos electorales, libertades, funcionamiento del gobierno, participación política, y cultura política, los 165 países analizados reciben una puntuación y categorización. Actualmente, al final del ranking destacan Corea del Norte, la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Siria y Chad, contrarrestados por el top 5 de las mejores democracias: Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda y Canadá.

Para fomentar la adopción de este sistema por más países, Naciones Unidas tiene en marcha diferentes medidas, entre las que destacan sus resoluciones anuales, la asistencia electoral internacional, el desarrollo de la Agenda 2030, o el apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) a los países que salen de conflictos armados para su reconstrucción, resiliencia e independencia, y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para el fortalecimiento de las instituciones públicas, la gobernanza inclusiva y el desarrollo local. Por su parte, el Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia, cuyos mayores donantes son Estados Unidos y la India, financia proyectos para que la sociedad civil esté plenamente representada en el sistema, potenciando los derechos humanos, la voz de los jóvenes, o la igualdad de género.

Este 15 de septiembre es, por tanto, un empuje más a todos los procesos de democratización actuales, así como un recordatorio a las democracias existentes de que tan pronto como se consiguen los derechos y libertades, estos se pueden perder.

Cristina Molina Campos, colaboradora FIBGAR.