Día Internacional de la Paz: invertir en la paz para proteger los derechos humanos
El Día Internacional de la Paz llega este año en un contexto en el que los conflictos armados continúan marcando el panorama internacional. Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la investigación de la Paz (SIPRI), en 2025 se registraron conflictos armados en 49 Estados, mientras que el número de conflictos interestatales se duplicó, pasando de tres a seis respecto al año anterior.
Celebrado cada 21 de septiembre, el Día Internacional de la Paz constituye una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la paz y sobre los desafíos que amenazan su construcción. En 2026, Naciones Unidas conmemora esta jornada bajo el lema “Invertir en la paz: para todos, en todas partes y todos los días”, poniendo de relieve que la paz exige un compromiso constante por parte de los gobiernos, las instituciones y la sociedad.
Sin embargo, las consecuencias de los conflictos armados rara vez se limitan al territorio en el que se desarrollan. El conflicto israelí-palestino constituye un ejemplo de cómo una violencia prolongada puede contribuir a una mayor inestabilidad regional y generar efectos que trascienden las fronteras nacionales. En junio de 2026, el Secretario General de las Naciones Unidas advirtió de que una escalada en Oriente Medio puede tener repercusiones mucho más allá de la región, generando tensiones políticas, desplazamientos, inseguridad, alteraciones en las rutas comerciales internacionales y aumentos en los precios de los alimentos y los combustibles.
La situación en Gaza refleja las graves consecuencias humanitarias de un conflicto armado prolongado. Según un informe de septiembre de 2026 de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), la población civil continúa enfrentándose a desplazamientos y a importantes dificultades para acceder a servicios esenciales. En Gaza, el 91 % de los hogares evaluados presenta un nivel moderado o alto de inseguridad hídrica, mientras que la escasez de suministros médicos y la saturación de los lugares de acogida para personas desplazadas siguen agravando las condiciones de vida. Esta realidad pone de manifiesto la estrecha relación existente entre la paz y la protección efectiva de los derechos fundamentales.
Más allá de sus consecuencias humanitarias inmediatas, los conflictos armados también ponen a prueba el marco internacional creado para preservar la paz y la seguridad. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha subrayado que la asistencia humanitaria no puede sustituir ni el respeto del derecho internacional humanitario ni los esfuerzos políticos destinados a reducir la escalada de los conflictos. El CICR también ha advertido de que una mayor intensificación de las hostilidades puede provocar más muertes y personas heridas, desplazamientos e interrupciones de servicios esenciales como la atención sanitaria, el agua o la electricidad. Una paz duradera, por tanto, exige algo más que el fin de las hostilidades. Requiere también proteger a la población civil, respetar el derecho internacional y mantener esfuerzos políticos para evitar nuevas escaladas.
Prevenir los conflictos antes de que la violencia se intensifique constituye, por ello, una parte esencial de la inversión en la paz. El Banco Mundial destaca que reforzar la cohesión social puede contribuir a generar confianza dentro de las comunidades y entre la ciudadanía y las instituciones públicas, al tiempo que permite abordar factores relacionados con la fragilidad, los conflictos y la violencia. Unas instituciones sólidas e inclusivas, el acceso a servicios esenciales y las oportunidades de participación pueden contribuir a crear sociedades más resilientes. Invertir en la paz significa, por tanto, invertir también en las condiciones sociales e institucionales que permiten construir sociedades pacíficas.
La importancia de la prevención también es destacada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que identifica la prevención de conflictos como un elemento esencial para la paz y la seguridad humana. Sin embargo, los recursos destinados a la paz y a la prevención de conflictos en contextos de alta y extrema fragilidad se encuentran entre los más bajos de las últimas dos décadas. Esta brecha refuerza la necesidad de invertir en medidas preventivas antes de que las tensiones se transformen en violencia.
En este contexto, el lema del Día Internacional de la Paz de este año, “Invertir en la paz: para todos, en todas partes y todos los días”, adquiere una relevancia especial. Invertir en la paz no significa únicamente actuar cuando la violencia ya ha comenzado, sino también reforzar las condiciones que pueden contribuir a prevenirla. Esto implica proteger los derechos humanos, fomentar el diálogo y la cooperación, fortalecer instituciones que generen confianza y garantizar que todas las personas puedan vivir con seguridad y dignidad. La sociedad civil, las comunidades locales y la ciudadanía también desempeñan un papel fundamental en la construcción de sociedades más pacíficas.
El Día Internacional de la Paz no es únicamente una jornada de reflexión, sino también un recordatorio de que la paz requiere un compromiso constante. En un mundo marcado por conflictos armados persistentes, la protección de los derechos humanos, el respeto del derecho internacional y el fortalecimiento del diálogo siguen siendo esenciales. La paz debe construirse y protegerse cada día mediante la cooperación, la prevención y un compromiso común con la dignidad humana.
18 de septiembre de 2026.
Simon Vassal, Colaborador de FIBGAR.