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Día Internacional de la solidaridad humana

La pandemia del COVID-19 ha dejado huella por donde ha pasado. En general, no ha sido una experiencia positiva, pero ha sido una oportunidad para mostrar nuestro lado más humano y los vínculos de solidaridad que nos unen como personas. Desde los estudiantes de carreras sanitarias ofreciéndose de voluntarios para atender a llamadas y dudas de personas confinadas y hacer compañía en momentos de soledad, los vecinos que se organizaron para poder atender a las necesidades básicas de las personas más vulnerables, los aplausos que mostraban el apoyo a los sanitarios todas las tardes a las 20:00 horas, el personal esencial que cada mañana se levantaba para hacer funcionar el engranaje que mantuvo a toda España a flote. Son numerosas las acciones de los ciudadanos que han demostrado que aún existe la fraternidad y humanidad.

Este valor es el protagonista el 31 de agosto, el Día Internacional de la Solidaridad Humana. La Asamblea General proclamó esta fecha con el objetivo de celebrar la unidad en la diversidad y concienciar al público de la importancia de la solidaridad, pero también es un día para conmemorar y recordar a los Estados sus compromisos con los tratados internacionales y la necesidad de conservar este valor y ponerlo en ejercicio para resolver los problemas internacionales de calibre social, económico, cultural o humanitario y para mantener la paz.

La urgencia y peligro que ha representado la llegada de la pandemia a los países ha supuesto la priorización de la gestión de la crisis sanitaria por encima de otros problemas. Aunque lógica, esta ha sido una decisión que ha dejado a muchas personas desamparadas, quienes han tenido que acudir a organizaciones alternativas a los Estados, como bien indica el informe “La solidaridad en Tiempos de Covid” . Por ejemplo, frente al incremento de mujeres que han sufrido violencia doméstica, los vecinos del Líbano colgaban de sus balcones el número de ayuda a víctimas de violencia de género para animar a las mujeres a denunciar. En muchos países, como Chile o Malawi, los profesionales de la salud se organizaron para poder participar en el desarrollo de políticas en referencia a la gestión del coronavirus adecuadas. Se organizaron numerosas protestas alrededor del mundo para denunciar el asesinato de mujeres trans, como es el caso de Colombia. En Sud-África, se organizaron protestas para visibilizar la situación socioeconómica de algunas poblaciones mineras. Los ejemplos son innumerables, y demuestran que frente a un peligro global, las personas se unieron para poder mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos.

En un contexto como el actual, donde el discurso del odio está ganando terreno y degenerando en la persecución y linchamiento de las personas y en la vulneración de los derechos humanos, es importante tender puentes para poder solidarizarnos en la diversidad. Así pues, este día ofrece la oportunidad de reflexionar sobre los pequeños y grandes actos solidarios que pueden llevarse a cabo en la cotidianidad para promover vínculos de empatía y altruismo tanto en el presente como en el futuro.

María Barrachina Ortega, colaboradora FIBGAR.