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El compromiso por la salud y el bienestar

En el año 2015, 193 países se comprometieron en el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cuya intención es lograr la igualdad entre todas las personas, proteger el planeta de manera efectiva y asegurar la prosperidad como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. 

Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todas las personas, de todas las edades, se convirtió entonces en el tercer objetivo que busca alcanzar la Agenda 2030.

Se trata de uno de los ámbitos en los que más se reflejan las interacciones que existen entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y es por esta razón que la ONU ha incorporado, dentro de sus metas, el Objetivo 3, Salud y bienestar.

Cada año mueren más millones de niños menores de cinco años por la falta de tratamiento médico en su país. Además, el VIH es la principal causa de muerte de las mujeres que se encuentran en edad de reproducción y de los adolescentes de entre 10 y 19 años en África, siendo la segunda causa de muerte más común en los adolescentes de todo el mundo.

No obstante, en los últimos años se han hecho grandes progresos en materia de salud materno infantil, lucha contra el VIH, la malaria, el sarampión y otras enfermedades prevenibles.

Aunque estos son numerosos e importantísimos avances con relación a la salud y el bienestar de las personas, aún existen algunas desigualdades que hacen evidente la necesidad de que los Estados trabajen por mejorar en este ámbito como, por ejemplo, la falta de acceso a la asistencia sanitaria en algunos países.

El verdadero objetivo es lograr una cobertura sanitaria universal, pública y gratuita, lo que supone conseguir medicamentos asequibles para todos, acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva para todas las mujeres y acabar con la mortalidad prevenible de niños en los países menos desarrollados.

El acceso de las personas a la salud y el bienestar es un derecho fundamental, por eso la Agenda 2030 pretende garantizar que todas las personas puedan acceder a los más altos niveles de salud y asistencia sanitaria.

Si bien garantizar estos estándares sanitarios para todas las personas supone un compromiso firme y constante por parte de los Estados, lo cierto es que económicamente se obtienen muchos beneficios pues, como señala Naciones Unidas, las personas sanas son la base de las economías saludables.

Las mejoras realizadas en los últimos años en materia de asistencia sanitaria han supuesto un aumento de los ingresos en algunos de los países más pobres del mundo, lo que demuestra que el precio a pagar por la inacción, que en muchos casos es la muerte, es mucho más elevado.

Es evidente que existe una estrecha relación entre la salud y el bienestar de las personas, y ambas son esenciales para garantizar un buen desarrollo de la población, por eso este objetivo es tan importante dentro del contrato social global que los países han firmado de cara al 2030.

Una sociedad que haya alcanzado los ODS en 2030 es el ideal con el que todos los ciudadanos soñamos y para ello, tanto los gobiernos como la sociedad civil, tenemos que poner de nuestra parte y no dejar a nadie atrás.

Isabela López De Castro, colaboradora de FIBGAR