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¡Encontrar la paz en los desafíos comunes!

El 8 de diciembre de 2017, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 16 de mayo como Día Internacional de la Convivencia en Paz, con el propósito de movilizar a la comunidad internacional para que fomenten la tolerancia, la solidaridad, la inclusión y la paz.

En este día se conmemoran los principios sobre los cuales se fundó la Organización de las Naciones Unidas, que son: mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar entre las naciones relaciones de amistad, realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales y la promoción del respeto de los derechos humanos.

Aunque Naciones Unidas ha sido efectiva en garantizar que no se repita una guerra de la magnitud de la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo es posible constatar que desde su creación el mundo ha evolucionado y con él los nuevos desafíos para la convivencia en paz.

El número total de muertes en las guerras ha venido disminuyendo de forma sostenida desde 1946. Esta tendencia resulta engañosa ya que el descenso de muertes viene asociada a un cambiante paradigma internacional en el cual los conflictos bélicos tradicionales entre Estados han disminuido.

Los conflictos contemporáneos se libran en su gran mayoría entre actores no estatales como grupos terroristas, grupos paramilitares, guerrillas, milicias y grupos de liberación. Es por esta razón que desde 1946 se han declarado menos guerras que antes a pesar de que el conflicto y la violencia persisten.

La gran presencia de actores no estatales beligerantes en regiones enteras ha propiciado que en 2016 la cantidad de países que se vieron afectados por conflictos violentos alcanzara el nivel más alto registrado en casi 30 años. De este modo, los conflictos se perpetúan en el tiempo sin una resolución tradicional del conflicto en el horizonte.

Como hemos podido observar recientemente en Afganistán, así como en muchos otros casos, el conflicto armado llega a su fin por el desgaste humano y material que conlleva, sin haber alcanzado una resolución y una paz duradera y sostenible. Esta situación lleva a los llamados ‘conflictos congelados’ que permanecen latentes a pesar de no manifestarse abiertamente como un conflicto armado.

Estos ‘conflictos congelados’ aparecen normalmente en situaciones de conflicto étnico como resultado de un proceso de descolonización en la región en el cual chocan las identidades étnicas y nacionales desarrolladas anteriormente. Este es el caso de Israel y Palestina que tras más de siete décadas de conflicto ha vuelto a poner en vilo al resto del mundo que observa impotente cómo el conflicto se salda con la vida de civiles, entre ellos varios niños.

Zonas de alta volatilidad como oriente medio imposibilitan la convivencia en paz de los ciudadanos en estas regiones por la alerta constante en la que les toca vivir, ante la posibilidad cierta de que la violencia escale en cualquier momento. Casos como el de Israel y Palestina nos recuerdan la importancia del diálogo y la necesidad de unirse en un día en el que se identifiquen los desafíos comunes a los que nos enfrentamos como humanidad.

La presente pandemia y la urgencia humanitaria que esta ha desencadenado debería servir, como expresó el Secretario General de las Naciones Unidas el pasado año, para buscar puntos de confluencia para resolver las disputas y sobre todo para garantizar que se respetan los derechos humanos de la sociedad civil independientemente de que el conflicto se solucione o no.

Junto a esto, los actores beligerantes deben buscar motivos de diálogo y de cooperación como pueden ser la ayuda humanitaria para mejorar sus relaciones, estabilizar el conflicto e iniciar un proceso de paz.

El cambio climático constituye una amenaza total a la paz del mundo entero por lo que los actores de la esfera internacional deben aprender a cooperar de forma altruista entre sí, dejar de lado sus rivalidades políticas, económicas y/o sociales para dar respuesta a problemáticas comunes en un mundo cada vez más globalizado.

Aprovechando este impulso de colaboración y entendimiento se deben solucionar los demás conflictos que asolan a este planeta y que ponen en peligro nuestra convivencia en paz. Sólo unidos y en paz podremos enfrentar los desafíos comunes de toda la humanidad.

Marc Gancedo-Rodríguez Peire, colaborador FIBGAR.