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Guerra y conflictos: cuando el medioambiente es otra víctima más

En el año 2001 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 6 de noviembre como Día Internacional para la prevención de la explotación del medio ambiente en la guerra y los conflictos armados con el objetivo de concienciar sobre la interrelación que existe entre los conflictos y el medioambiente.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) determinó que por lo menos el 40% de los conflictos internos en los últimos 60 años han estado relacionados con un determinado tipo de recurso natural. El conflicto puede deberse al elevado valor del recurso, como puede ser el oro, el petróleo o los minerales, o porque ese recurso sea muy escaso, como pasa con las tierras fértiles o el agua. La ONU insiste en que los conflictos relacionados con los recursos naturales tienen el doble de posibilidades de que se repitan que otro tipo de enfrentamientos, además, con el aumento de las temperaturas ha aumentado aun más las tensiones y el estés medioambiental.

Durante los conflictos y guerras el medioambiente es otra víctima más. En ocasiones el entorno es dañado de forma directa e intencionada y otras veces sufre de daños colaterales.

De hecho, en el marco del derecho internacional humanitario, el Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales de 1997 ofrece una protección directa del medioambiente contra daños extensos, duraderos y graves realizados en los contextos bélicos internacionales (artt. 35(3) y 55). Asimismo, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional tipifica como crimen de guerra el lanzar un ataque intencionadamente, a sabiendas de que causará daños extensos, duraderos y graves al medioambiente, si cometido en el contexto de un conflicto armado internacional (art. 8(2)(b)(iv)).

Sin embargo, con respecto a los conflictos internos, es decir los conflictos más comunes en la actualidad mundial, si bien el Protocolo Adicional II ofrece una notablemente menor y indirecta protección al medioambiente vinculada a la protección de los bienes indispensables para la supervivencia humana y de las instalaciones que contienen fuerzas peligrosas (artt. 14 y 15), en el Estatuto de Roma no existe ninguna provisión similar que aplique a los conflictos armados internos, que al final forman la mayor parte de las investigaciones de la Corte.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), al menos el 40% de los conflictos internos registrados en los últimos 60 años han tenido relación con la explotación de los recursos naturales.

El Director Ejecutivo de ONU Medio Ambiente, Erik Solheim recuerda que los duros conflictos que se han producido durante muchos años han dejado unas consecuencias devastadoras para la humanidad y otras especies de nuestro planeta. Solo en Afganistán, hemos sido testigos de tasas de deforestación asombrosas que han alcanzado 95% en algunas áreas. En 2017 el Estado Islámico incendió pozos de petróleo y una fábrica de azufre lo que provocó humos tóxicos pudiendo envenenar tanto a la gente como al medio ambiente. En Gaza y Yemen se ha producido daños en los pozos subterráneos, las plantas de tratamiento de aguas residuales, las estaciones de bombeo o las plantas de la desalinización, lo que pone en juego la salud de las personas y del entorno.

Cuando el cambio climático seca los ríos, reduce las cosechas, destruye la infraestructura crítica y desplaza a las comunidades, exacerba los riesgos de inestabilidad y conflicto. Por lo tanto, es necesario actuar urgentemente para reducir el impacto que los conflictos y las guerras generan sobre el medio ambiente y nuestra salud.

Por eso, el 27 de mayo de 2016, la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente aprobó la resolución UNEP/EA.2/Res.15, en la que reconoce que unos ecosistemas saludables y unos recursos naturales gestionados de manera sostenible contribuyen a reducir el riesgo de los conflictos armados.

En estos días en que se está celebrando en Glasgow la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26, esperemos que los líderes del mundo puedan hacer un punto de inflexión hacia un futuro más respetuoso de nuestros ecosistemas.

Carmen Coleto, colaboradora FIBGAR