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La destrucción climática es evitable

Este año se cumple poco más de medio siglo celebrando el Día de la Tierra desde que fuera propuesto por el Senador estadounidense Gaylord Nelson para alentar a sus conciudadanos a tomar conciencia y proteger el medioambiente.

El 22 abril de 1970 Nelson organizó una jornada de concentraciones por todo EstadosUnidos para reclamar la creación de una agencia que se ocupara de la protección del medioambiente. La presión social ejercida a través de esta movilización, que contó con la participación de más de dos mil universidades y un total de 20 millones de personas, dio sus frutos no solamente a nivel nacional sino también internacional.

Este evento fue clave para que en 1972 se celebrara la primera conferencia internacional sobre el medioambiente, la Cumbre de la Tierra de Estocolmo, oficialmente conocida como “Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano”, que por primera vez puso en evidencia la necesidad de sensibilizar a los líderes mundiales sobre la magnitud y urgencia de los problemas ambientales. En dicha ocasión fue adoptada la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano, que inaugura una serie de posteriores declaraciones y compromisos ambientales.

Dos décadas más tarde, la Cumbre de Río de 1992 vino a reafirmar los principios de Estocolmo, haciendo especial hincapié en la interdependencia entre desarrollo y protección del medioambiente. El fruto más notable de esta conferencia fue la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), hoy ratificada por 172 países. El objetivo de esta convención era lograr “la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático” (art. 2). Sin embargo, la Convención sólo pide a los países desarrollados (los más contaminantes) que adopten políticas y medidas de mitigación y que informen periódicamente.

Hubo que esperar a un protocolo adicional para que los Estados asumieran compromisos más concretos. El Protocolo de Kioto de 1997, en vigor sólo desde 2005. Hoy cuenta con 192 ratificaciones y al igual que la convención se basa en el principio de responsabilidad común pero diferenciada según las respectivas capacidades. En su Anexo B, el Protocolo de Kioto establece objetivos vinculantes de reducción de las emisiones para 36 países industrializados y la Unión Europea, lo que equivaldría a una reducción media de las emisiones del 5 % en comparación con los niveles de 1990 en el quinquenio 2008-2012 (el primer período de compromiso). En 2012, en Doha (Qatar), se aprobó una Enmienda del Protocolo de Kioto para implementar un segundo período de compromiso, entre 2013 y 2020. Pese al tiempo transcurrido la Enmienda de Doha aún no ha entrado en vigor.

Ante la impasividad de muchos líderes políticos, los ciudadanos debemos tomar la iniciativa. Así se ha hecho y ya existen varios movimientos ambientalistas de alcance global, que buscan una transformación desde abajo para que eventualmente el cambio llegue a las altas esferas de la política estatal y mundial.

Ha existido por décadas permisividad de los líderes políticos y resistencia de las grandes corporaciones transnacionales a implementar un cambio energético global, que abandone definitivamente a los combustibles fósiles y los reemplace por alternativas menos agresivas con el medioambiente. Debido a todo este tiempo perdido, el cambio climático ha devenido hoy en crisis climática.

En la actualidad, la humanidad se centra en medidas de adaptación y mitigación, porque el cambio es ya inevitable, a menos que seamos capaces de realizar una revolución verde que nos permita revertir todo el daño provocado. Hay que decirlo con toda claridad y responsabilidad. Hoy ya no basta con dejar de contaminar para detener el desastre climático que se avecina, sino que debemos extraer de la atmósfera los Gases de Efecto Invernadero (GEI) que durante todo este tiempo hemos seguido arrojando de manera indolente e impune. La tecnología para esto ya existe, ahora hay que generar voluntad política para su uso por parte de todos los países. Y debiéramos estar todas y todos comprometidos en ello, porque hay aquí una responsabilidad colectiva transgeneracional. Las nuevas generaciones no nos perdonarán que no hagamos el esfuerzo que hoy debemos y podemos hacer, pues cada vez la situación será más difícil y muy pronto irreversible.  

Por ello es importante que conmemoremos hoy, 22 de abril, el Día Internacional de la Madre Tierra, adoptado en 2009 por la Asamblea General de Naciones Unidas, pues esta fecha sirve para tomar conciencia de la necesidad de hacer un mayor esfuerzo para cuidar nuestro planeta. También en 2015, Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que entre sus objetivos reconoce y promueve la defensa del medioambiente. En 2016, el acuerdo de París se convirtió en el primer tratado universal y jurídicamente vinculante en el que se establece un marco internacional para evitar que el calentamiento global sobrepase los 2ºC.

Pero falta un compromiso aún mayor, que es en el que FIBGAR venimos trabajando los últimos años. Abogamos porque se enmiende el Estatuto de la Corte Penal Internacional y se incorpore el crimen que falta hoy en día, el Ecocidio. Para ello, participamos en el panel internacional de expertos a cargo de la definición de este crimen y formamos parte de la campaña Stop Ecocidio tanto en España como a nivel global.

Queda mucho por hacer. Es importante que todas y todos asumamos nuestras responsabilidades ciudadanas con nuestra Madre Tierra, de la cual depende la subsistencia de la vida de todas las especies, incluida la nuestra. Como dijera Polly Higgins, “No hay que olvidar que la destrucción climática es evitable”.

Rodrigo Lledó, director. Marc Gancedo-Rodríguez Peire, colaborador. FIBGAR