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La Justicia en Europa: de los ciudadanos a las instituciones

Desde 2004, el Consejo de Europa y la Comisión Europea impulsan la celebración del Día Europeo de la Justicia cada 25 de octubre. Durante esta jornada, así como los días anteriores y posteriores, los Estados Miembro organizan eventos, jornadas de puertas abiertas, talleres o sesiones informativas para acercar a sus ciudadanos a la justicia.

El objetivo final es aumentar el nivel de confianza en la justicia, haciendo más accesible la información y el conocimiento de los ciudadanos sobre sus propias instituciones, procesos judiciales y derechos. Asimismo, se busca informar al ciudadano sobre el trabajo realizado por el Consejo de Europa, una organización que se encarga de promover el Estado de derecho, la democracia, y los derechos humanos en sus 47 miembros con un total de 800 millones de europeos, así como el trabajo de la Comisión Europea, institución ejecutiva y legislativa de la Unión Europea. 

Si los ciudadanos conocen sus derechos y las herramientas que tienen a su alcance para hacerlos efectivos, consiguen estar un paso más cerca de las instituciones, en ocasiones percibidas como inalcanzables. En última instancia, una tarea fundamental de las instituciones y los cuerpos legislativos de cada Estado miembro, como se refleja el 25 de octubre, es fomentar el conocimiento sobre el derecho comunitario europeo y la justicia transfronteriza.

Este año, sin embargo, esta fecha se celebra con la agridulce sensación que produce la batalla legal entre Polonia y la Unión Europea. Tras la sentencia del Tribunal Constitucional polaco el 7 de octubre, que exponía un supuesto conflicto entre el ordenamiento jurídico de la UE y la Constitución polaca, el debate sobre la supremacía del cuerpo legal europeo sobre el nacional de cada Estado miembro vuelve a estar sobre la mesa. Sin una formación amplia sobre el funcionamiento de la Unión Europea para los ciudadanos de a pie, un desafío de este calibre puede suponer un cuestionamiento de su legitimidad, necesidad y, probablemente, su futuro.

El ordenamiento jurídico europeo es la base de la integración europea, que ha logrado, sin una Constitución propia, unir a una importante parte del continente europeo durante los últimos sesenta años. Lo que surgió del deseo de conseguir una Europa en paz tras la Segunda Guerra Mundial, y de una progresiva unión económica, con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, ha derivado hoy en una regulación en diversas materias y en la adquisición de competencias supranacionales por parte de la UE.

Destaca su regulación en materia de derechos fundamentales, estándares medioambientales, inmigración y asilo, fiscalidad e impuestos, estándares sobre productos de alimentación y farmacéuticos, o derechos de los animales. Asimismo, gracias a la Unión Europea, los ciudadanos europeos tienen el derecho a vivir en cualquier Estado miembro y cruzar fronteras con facilidad.

De igual manera, la UE pugna por estar a la vanguardia en igualdad de género, derechos humanos, justicia civil, justicia penal, digitalización de la justicia, protección de datos, derechos del niño, fortalecimiento del Estado de derecho, y el combate contra la discriminación. El objetivo de la Unión es, a fin de cuentas, crear un área de justicia donde los ciudadanos puedan ejercer sus derechos en libertad y donde el mercado único se desarrolle y se fortalezca

Estos avances otorgan a la UE de una importante capacidad de influencia, no solo a sus propios Estados miembro o países vecinos del continente, sino también a nivel internacional. El Reglamento General de Protección de Datos, el certificado COVID digital de la UE, o la coordinación policial y judicial para combatir redes criminales, de tráfico de personas, o terroristas son algunos de los más recientes pasos de la Unión para proteger a sus ciudadanos y salvaguardar la integridad de la región.

El 25 de octubre puede ser, por tanto, una fecha para poner de relieve el progreso de Europa en materia de justicia, pero también para recordar que los últimos sesenta años han requerido esfuerzos, compromiso, consenso y diálogo. El resultado ha sido una cesión de soberanía única en el mundo, pero siempre con miras a alcanzar un continente justo, inclusivo, seguro y libre. Por tanto, si la ciudadanía europea quiere conservar esta protección y libertad, es probable que deba mirar hacia Europa y preguntarse de dónde vienen estos fundamentos.

Cristina Molina Campos, colaboradora FIBGAR