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Las desapariciones forzadas: Convención, retos y objetivos

Este pasado 3 de marzo se celebraba, de manera telemática desde Ginebra, la conferencia “Intercambiar experiencias sobre las acciones realizadas y el camino a seguir para promover la ratificación de la Convención para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas”, concebida en 2006 y que, desde entonces, ha sido objeto de una campaña internacional para la adhesión de nuevos Estados.

Este evento ha sido impulsado por el Comité contra las Desapariciones Forzadas (CED), el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias (WGEID), y la Coalición Internacional contra las Desapariciones Forzadas (ICAED), que reúne a familiares de los desaparecidos y a ONG, con el apoyo de la Plataforma de Derechos Humanos de Ginebra y la Academia de Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos de Ginebra.

En presencia de Albane Prophette Pallasco y de Mohammed Ayat, Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, daba el pistoletazo de salida indicando que la Convención tiene hoy 63 firmantes. Con el objetivo de alcanzar 110 para 2022, la conferencia suponía un foro para reforzar estrategias y delimitar nuevas medidas, a través del contacto directo y del intercambio de información entre actores.

En palabras de la Alta Comisionada, estamos ante el mecanismo de protección “más exhaustivo y potencialmente global” para luchar contra las desapariciones forzadas. Por tanto, la exigencia y el compromiso marcaron el evento, resaltando la necesidad de avanzar, y destacando la labor de la Convención y del Comité para garantizar el acceso a la verdad, justicia, reparación y cooperación entre estados.

Así, en el evento se celebraron avances en diversos casos nacionales (Argentina, México, Noruega, Sudán y Francia), cuyos representantes compartieron con el resto de participantes sus experiencias.

En los casos latinoamericanos, el argentino Horacio Peitragalla subrayaba la formación de las Fuerzas de Seguridad, la lucha contra la violencia institucional y el derecho a la identidad. Mencionó además como caso destacado el de los bebés robados en España durante el franquismo y la transición. Por su parte, el mexicano Alejandro Encinas enfatizaba el compromiso de investigación y de superación de bloqueos del anterior ejecutivo, con progresos en materia legislativa. 

Desde Noruega, Elin Widsteen declaraba que su Estado nunca ha sufrido desapariciones forzadas, si bien ha querido apoyar el objetivo de la Convención tras ciertas dificultades en el proceso de ratificación, concretamente con los artículos 18 y 20.1.

A continuación, se aplaudía la reciente adhesión de Sudán, representado por Abdel Salam Sidahmed, y que ha padecido resistencia por parte de las autoridades. Finalmente, el francés François Rivasseau compartía sus preocupaciones ante una pandemia que puede estar escondiendo nuevos casos de desapariciones, y estimaba que la lucha es un combate jurídico.

Tras estas intervenciones, se daba la palabra a la sociedad civil, debido al crucial rol de activismo de los familiares de las víctimas. De esta forma, Bernard Duhaime presentaba a Jasminka Džumhur de Bosnia y Herzegovina, que destacaba la necesidad de legislación, instituciones fuertes y un procedimiento transparente, y a Wadih Al Asmar del Líbano, que exponía las desapariciones forzadas como un arma de guerra y de control de la población.

Asimismo, Mugiyanto desde Indonesia hablaba de la verdad local y la reconciliación, mientras que Grace Fernández denunciaba las más de 83,000 personas desaparecidas en México, y la imperativa necesidad de apoyo por parte de la sociedad civil, que experimenta la realidad más allá de la Convención y de su aplicación doméstica.

Finalmente, Horacio Ravenna concedía la palabra a Alice Edwards sobre la Convención contra la Tortura, fuente de inspiración por su diálogo constructivo, su claridad en términos de plazos, o su enfoque regional y global. Se escucharon también las voces de Mary Aileen Bacalso de Argentina y del libio Ahmed El-Gasir, llamando a una más amplia ratificación.

El broche final lo ponían Milica Kolakovic-Bojovic, Vicepresidenta del Comité, y Gabriella Citroni, experta de la Academia de Ginebra. Esta última enfatizaba la necesidad de compromiso, networking, intercambio de conocimiento, y recursos humanos y financieros.

Finalizaba con la propuesta de un posible foro mundial sobre desapariciones forzadas, y con la conciencia de haber plantado muchas semillas durante la jornada, deseando que desemboquen en resultados próximos.

Cristina Molina Campos, colaboradora FIBGAR.