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Multilateralismo y diplomacia: Claves para un mundo globalizado

El artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas establece como propósito principal el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, así como las relaciones de amistad y la cooperación internacional entre las naciones. Con esa consigna, la comunidad internacional lleva desde 1945 enfrentándose a retos y obstáculos de muy variada índole.

La lucha contra el terrorismo internacional, la carrera armamentística y nuclear, las guerras civiles y más crímenes contra la humanidad de los deseados, la protección de los derechos humanos o la desigualdad son solo algunos de los desafíos de estas últimas décadas. La última, tan inesperada como demoledora, no es otra que la pandemia mundial que ha azotado todos los rincones del mundo.

Más que nunca, por tanto, es necesario hacer hincapié en el compromiso internacional con la paz y la seguridad. Así, el 18 de diciembre de 2018 las Naciones Unidas declaraban el 24 de abril el Día Internacional del Multilateralismo y la Diplomacia, tras la reafirmación de esta necesidad por parte de los líderes mundiales en el Debate General de septiembre de ese mismo año.

En esta cita, los representantes de los Estados ponían de relieve lo que todo ciudadano democrático de a pie debería plantearse: los asuntos internacionales son una responsabilidad compartida y requieren un acercamiento multilateral y un esfuerzo de cooperación.

Así, ese septiembre de 2018 el presidente francés Emmanuel Macron mostraba preocupación por el armamento nuclear de Irán, la necesidad de asegurar la competencia leal y el respeto a la propiedad intelectual y la igualdad de género. Por su parte, su colega marroquí, Saad-Eddine El Othmani, se centraba en los retos del desarrollo en el continente africano, o el conflicto en el Sáhara occidental.

Incluso Michel Temer estuvo muy alejado del discurso del actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, al destacar el cuidado del Amazonas como una prioridad internacional, algo claramente abandonado por su sucesor. La lucha contra el aislacionismo, el unilateralismo y la intolerancia también se colaban en su discurso, en la línea del mexicano Enrique Peña Nieto, que subrayaba la vigencia de los derechos humanos como obligación moral de la comunidad internacional.

El tráfico ilícito de armas, drogas y fármacos, la situación en Corea del Norte o en Siria, el conflicto entre Israel y Palestina, la necesidad de garantizar unas instituciones democráticas resilientes o la desigualdad económica entre los países de la OCDE y el resto del mundo eran igualmente señalados por los dirigentes de Japón, Sri Lanka, Armenia, Turquía o Suiza.

Y la lista no acaba ahí. Por el contrario, el 2021 ha venido cargado de nuevos retos, que se unen a la retahíla de tareas pendientes de la comunidad internacional. El ascenso y la popularidad de discursos aislacionistas, proteccionistas, xenófobos y cargados de odio quizás sea una de las más preocupantes.

En este contexto de pandemia mundial, que ha sacado a la luz las dificultades del sistema para compaginar salud, bienestar y economía, el multilateralismo y la diplomacia cobran más importancia que nunca. Y, por suerte o por desgracia, ya hemos demostrado antes que los esfuerzos de todos redundan en el beneficio global.

La última muestra de ello ha sido el imparable trabajo para la obtención de una vacuna contra la COVID-19, pero antes han venido innumerables cumbres internacionales con el foco en los derechos humanos, altos al fuego, proyectos ambiciosos como la Agenda 2030, la creación de la Unión Europea en busca de la paz del continente, o incluso la movilización de la sociedad civilpor un mundo más pacífico, más igualitario y más ecológico.

Hoy, 24 de abril, es una fecha ideal para el recuerdo de las amenazas ya superadas, para la reflexión de las dificultades actuales, y, especialmente, para la creación de nuevas alianzas, proyectos y hojas de ruta. Todo ello para que el multilateralismo y la diplomacia de hoy sean las metas alcanzadas y las alegrías del mañana.

Cristina Molina Campos, colaboradora FIBGAR