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ODS 11: Inclusión, seguridad, resiliencia y sostenibilidad

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 11 no es otro que lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles, pero entre tanta palabra abstracta, quizás el término clave que debemos extraer sea “habitabilidad”.

Esto significa, y según los indicadores de Naciones Unidas, que todo ser humano viva bajo un techo con acceso a agua potable, a unas condiciones de saneamiento adecuadas, con un espacio suficiente para vivir, una vivienda durable, y una tenencia segura. En cualquier otro caso, no se hablará de vivienda, sino de suburbios o slums (en inglés).

Para quienes hemos crecido en un país desarrollado, con un amplio acceso a servicios básicos, y más aún, con zonas verdes y parques a la vuelta de la esquina, con numerosas líneas de autobús, o incluso wifi gratuito en determinadas zonas públicas, puede que las consideraciones de la ONU nos parezcan innecesarias.

Sin embargo, los suburbios han ido creciendo debido a una rápida urbanización en la mayoría del globo, alcanzando el 24% de los asentamientos de la población urbana en 2018. Por tanto, todo parece indicar que cuanto más crezcan las ciudades (y ya se habla de que para 2030 un 60% de la población vivirá en estas), más crecerán los asentamientos precarios e inestables o suburbios.

Actualmente, se estima que unos 828 millones de personas ya viven en este tipo de asentamientos, y España no escapa de esta cifra. En Madrid, particularmente, solo hay que asomarse un poco más allá de las Cuatro Torres, o al otro lado de Madrid Río, para observar esta realidad.

En cuanto a la urbanización, esta tendencia a aumentar los núcleos urbanos y alejarse del entorno rural parece estar ocurriendo más drásticamente en los países desarrollados. Nosotros, acostumbrados a la vida en estas, debemos tener en cuenta que las ciudades solo ocupan el 3% de la superficie global, mientras que suponen entre el 60% y el 80% del consumo energético, y el 75% de las emisiones de carbono, según el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. También representan el 80% del PIB global.

Estos datos dejan entrever la realidad medioambiental y el impacto de las ciudades en la contaminación y el cambio climático. Actuar teniendo en cuenta la calidad del aire, la gestión de residuos, los efectos materiales y humanos de los desastres, y el patrimonio cultural y natural es esencial para la construcción de asentamientos sostenibles y ecológicos.

En efecto, desde 2016, 9 de cada 10 habitantes de las urbes respiran aire que se escapa de las normas de seguridad de la OMS, materializándose en la muerte de 4,2 millones de personas. Esta contaminación atmosférica es un aviso de que estos núcleos comerciales, profesionales, culturales o turísticos también conllevan graves peligros para la salud, así como para la igualdad entre ciudadanos con diferentes rentas y dispar acceso a los servicios básicos.

Ante esta situación, las metas de este ODS pretenden garantizar inclusión, seguridad, resiliencia y sostenibilidad: el acceso a la vivienda, sistemas de transporte público asequibles y accesibles, una urbanización inclusiva y sostenible, la protección del patrimonio cultural y natural, la reducción de muertes por desastres y del impacto medioambiental negativo, una relación equilibrada entre lo urbano y lo rural, con énfasis en las zonas verdes y los espacios públicos seguros.

Asimismo, se espera dotar a las ciudades de oportunidades laborales y construir sociedades y economías resilientes. Equidad, justicia y paz son clave también en la construcción de núcleos urbanos habitables, como también lo es el propósito explícito de no dejar a nadie atrás.

España, con un progresivo envejecimiento de la población y una preocupante despoblación de las zonas rurales, se enfrenta a un escenario de desequilibrio entre lo urbano y lo rural. Las urbes están concentrando un riesgo de pobreza y de exclusión social inquietantes, a pesar de encontrarnos en el club de los países desarrollados.

Por tanto, sin olvidar que hasta el desarrollo más consolidado puede caer en el retroceso, la próxima vez que cojas el metro y acabes en una parte de la ciudad verde, llena de contenedores de reciclaje y de edificios modernos y seguros, recuerda que fuera de estas fronteras no todo luce ni brilla de igual manera.

Cristina Molina Campos, colaboradora FIBGAR