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Preguntemos por el estado de los océanos.

Los océanos cubren más del 70% del planeta y representan una fuente importante para la sobrevivencia de la vida humana. Entre varias cosas, regulan el clima de la Tierra y producen más del 50% del oxígeno que existe en el planeta. Además, el océano cuenta con recursos energéticos que pueden generar energía renovable, como energía de las olas, energía mareomotriz, energía maremotérmica de diferencia de temperatura entre las aguas superficiales y las aguas oceánicas profundas, y desalinización que se considera la clave para resolver el problema de la escasez de agua.

Sin embargo, están constantemente amenazados por la actividad humana: sobreexplotación de recursos naturales, daños colaterales del comercio marítimo, contaminación y destrucción de la flora y fauna de sus aguas. Ante el riesgo de su deterioración, el objetivo 14 de la Agenda 2030 nos recuerda que debemos actuar para garantizar la conservación y el uso sostenible de los océanos, mares y recursos marinos.

Precisamente para promover el avance del objetivo 14, en 2017 Naciones Unidas organizó la primera Conferencia sobre los Océanos. Por primera vez, en un escenario internacional, se subrayaba la necesidad de tomar conciencia a nivel mundial de los peligros a los que se enfrentan los océanos, los mares y los recursos marinos. La histórica cumbre terminó con la Resolución A / RES / 71/312 – Nuestro océano, nuestro futuro: llamado a la acción, que recoge los compromisos de los Estados miembros de las Naciones Unidas para una gestión más sostenible de los océanos, mares y recursos marinos.

Con el objetivo de garantizar los esfuerzos conjuntos para el seguimiento de los resultados de dicha Conferencia y de la misma manera apoyar así la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, siempre en 2017 fue nombrado el primer Enviado Especial para los Océanos, Peter Thomson.

Desafortunadamente, la Segunda conferencia, que se iba a celebrar e Lisboa en 2020, con el objetivo de avanzar en soluciones científicas e innovadoras, ha sido pospuesta hasta 2022 debido a la crisis sanitaria actual.

No obstante, gracias al constante apoyo de la sociedad civil, la comunidad internacional no ha faltado a su compromiso, como testimonian los varios seminarios virtuales organizados en los últimos meses para poner en contacto a actores clave e impulsar nuevas ideas, sobre todo frente al aumento de la contaminación plástica exacerbado por la pandemia.

De hecho, desde el año pasado el uso de plásticos se ha disparado de manera asombrosa: mascarillas, guantes, desechos médicos y empaques de comida para llevar. Un mar de plástico que representa una grave amenaza para nuestros ecosistemas.

Según el informe En estado de negligencia: El impacto de la contaminación plástica en la justicia ambiental, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la ONG Azul, si no se toman medidas, más del 70% de este plástico terminará tirado en océanos y vertederos, y hasta un 12% será quemado causando contaminación y enfermedad en las zonas más vulnerables del planeta.

Esta pandemia nos enseña claramente que la contaminación ambiental derivada por las actividades humanas puede volverse contra nosotros. Si no se toman medidas con urgencia, la crisis de la basura provocada por la pandemia podría ser el comienzo de un desastre ecológico todavía mayor que de una u otra forma volverá sobre nosotros.

Ha llegado el momento de alejarnos de nuestro antropocentrismo y actuar juntos de manera sostenible para proteger nuestros océanos.

Yeoungri Choi, colaboradora FIBGAR.