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Relato V. En nuestro propio nombre: ¿Quién dijo «no pasó en democracia»?

Ley 21/1987, DE 11 DE NOVIEMBRE, POR LA QUE SE MODIFICAN DETERMINADOS ARTICULOS DEL CÓDIGO CIVIL Y DE LA LEY DE ENJUICIAMIENTO CIVIL EN MATERIA DE ADOPCION:
Preámbulo de la Ley: […] Pese a la modernización que pudo suponer la modificación del Código Civil operada en 1970 y a los buenos propósitos del legislador, es preciso reconocer que el régimen hasta ahora vigente no ha llegado a satisfacer plenamente la función social que debe cumplir esta institución, a causa de la existencia de una serie de defectos e insuficiencias normativas que la experiencia acumulada con el paso de los años ha puesto de relieve.

Se acusaba, sobre todo, en la legislación anterior, una falta casi absoluta de control de las actuaciones que preceden a la adopción, necesario si se quiere que esta responda a su verdadera finalidad social de protección a los menores privados de una vida familiar normal. Esta ausencia de control permitía, en ocasiones, el odioso tráfico de niños, denunciado en los medios de comunicación, y daba lugar, otras veces, a una inadecuada selección de los adoptantes. […]

Ser madre soltera durante el franquismo y hasta bien entrada la democracia suponía un gravísimo problema, en una época en la que la moral dominante e imperante fue impulsada y controlada por el nacionalcatolicismo. Lejos de limitarse a la represión política, la dictadura franquista impuso unos códigos de conducta sociales que llevaron al extremo la moral católica y que castigaban con severidad cualquier actitud que se saliera de la norma establecida en torno a la familia constituida por un padre como cabeza dominante y una mujer-madre sometida al hombre. Frente al modelo políticamente correcto, las madres solteras padecieron el estigma social y, en muchos casos, fueron internadas en centros para “mujeres perdidas” y obligadas a desprenderse de sus hijos para darlos en adopción. Miles de mujeres madres solteras fueron estigmatizadas, condenadas y apartadas de la sociedad por haber infringido una de las normas morales más castigadas, ser madres fuera del matrimonio, raíz fundamental para la creación de la nueva España. En ello tuvo mucho que ver la intervención de Auxilio Social y de instituciones religiosas, firmes detractores de todo lo contrario a la moral que defendían, y donde las mujeres separadas o las madres solteras eran seres desviados que había que castigar o corregir.

En este artículo escrito por la periodista de investigación Ana María Pascual, para la revista Interviú, se plasma el cruel trato que recibían las madres solteras en el internado de Peñagrande, en Madrid, pero cuyas prácticas represivas eran extensivas a todo el territorio español, por lo que podemos hacernos una idea de lo que suponía estar fuera de la estricta moral que imponían franquismo e Iglesia Católica:
Oculto durante décadas, un informe hallado por Interviú en los archivos del Patronato de Protección a la Mujer desvela datos clave de adopciones de bebés y de las miserables condiciones de vida de las madres solteras y de sus hijos en el internado madrileño de Peñagrande, regido por monjas y dependiente del Ministerio de Justicia, desde los 50 hasta 1984: castigos corporales, hambre, carencias, presión para que las jóvenes renunciaran a sus niños, explotación laboral… Cinco de aquellas mujeres lo reviven.
Casi cincuenta años ha permanecido escondido el informe cuyo contenido publica Interviú en estas páginas; un documento que expone, una a una, las crueldades a las que fueron sometidas las mujeres que estuvieron internadas en el centro Nuestra Señora de la Almudena, en el barrio madrileño de Peñagrande –funcionó entre 1955 y 1984–. Fue un internado para madres solteras, gestionado por el Patronato de Protección de la Mujer, dependiente del Ministerio de Justicia. Hace unos meses, esta revista encontró los fondos del Patronato, así como los de la Obra de Protección de Menores, en los sótanos del Ministerio de Empleo. Unos archivos, hasta entonces en paradero desconocido, cuya existencia había sido negada por las autoridades y que contienen información crucial sobre el origen de miles de niños entregados en adopción.

Tras la denuncia de esta revista, el Ministerio de Empleo culminó la catalogación de la documentación, almacenada en 1.500 cajas y depositadas en sus sótanos desde hacía 30 años. En ese tiempo, otras 1.500 cajas acabaron destruidas por la acción de una inundación, según el responsable del archivo. Entre los documentos del Patronato de Protección de la Mujer –creado en 1941 por Carmen Polo, esposa del dictador Francisco Franco, para velar por la moralidad femenina–, a los que ha podido acceder esta revista, destaca un estudio muy completo del centro Nuestra Señora de la Almudena, más conocido como la institución de Peñagrande, encargado por el propio patronato en 1968. Varias visitadoras o asistentes sociales indagaron en el internado y consignaron las pésimas condiciones de vida de las internas, todas ellas madres y embarazadas solteras, incluidas menores de edad.

En aquel momento, el centro albergaba a 250 mujeres, con edades comprendidas entre los 12 y los 24 años, y a 200 niños y niñas, de hasta cuatro años de edad. Estaba gestionado por 36 religiosas Esclavas de la Virgen Dolorosa. Dos años después, serían las Cruzadas Evangélicas las que se encargarían del centro hasta su clausura, a principios de 1984.

«Las internas pasan mucho tiempo dedicándose a la limpieza del centro en detrimento de tareas educativas (…) Se dedican a la limpieza de suelos y cristales, cocinan, friegan, lavan, planchan, repasan la ropa, son niñeras, cuidan de los animales de la granja, y tienen que hacer guardias por la noche”, dice el estudio. En definitiva, denunciaba “trabajo excesivo sin remuneración por parte de mujeres embarazadas”.

M.M. (Huelva, 1958) ingresó en Peñagrande en diciembre de 1975. Tenía 17 años y llevaba consigo a su bebé de un mes. Se acuerda de la comida. “Era muy desagradable. A los guisos, una vez terminados, les echaban agua para que cundieran. La alimentación no tenía vitaminas. ” Mi hijo enfermó por eso y porque no le daba el sol nunca”. Su hijo sufrió raquitismo. “Me daba mucho miedo que se lo llevaran al botiquín –relata M.–. Nada más llegar a Peñagrande, te contaban las compañeras que los niños enfermos que subían al botiquín, no salían más porque se los robaban a las madres diciéndoles que habían muerto”.

A las visitadoras les llamó la atención el poco gasto que hacían las religiosas en medicamentos. “Considerando que se producen unos 30 partos mensuales y es preciso añadir la medicación de gestantes, madres y niños, ese gasto es muy reducido”. En el capítulo económico, la congregación religiosa no salía bien parada. “Los datos que nos proporcionó la reverenda madre sobre subvención por acogida y día, dotación de ropa para los niños, etc. no concordaron con los que teníamos del patronato”.

El centro funcionó como un auténtico reformatorio para madres solteras, aunque sus principios, sobre el papel, no parecieran coercitivos.

A C. la detuvieron en 1974 por participar en una manifestación contra la ejecución de Puig Antich. Tras ello sus padres la mandaron al centro Padre Damián, porque no soportaban su rebeldía y su conciencia política. Una vez allí, la aislaron de las internas más jóvenes para que no influenciarlas. «Fue terrible, era un lavado constante de cerebro con la religión. Te despertaban de madrugada para rezar, trabajabas sin cobrar…». A ese centro llegaban también mujeres procedentes de Peñagrande. Era tan habitual que se veía normal el robo de niños, como recuerda C.: «Un día llegaron a mi centro dos niñas de Peñagrande que acababan de dar a luz. Tenían el pecho vendado y lloraban porque decían que le habían quitado al hijo. «¡Y ni siquiera nos escandalizaba!».
Los relatos son estremecedores. Cuenta una mujer que estuvo en Peñagrande cómo una chica se suicidó tirándose por el hueco de la escalera: «decían que había dado a luz el día antes y le habían quitado el niño. Y cuando supo que sus padres venían a recogerla, no pudo más». Recuerda también las visitas que matrimonios hacían a la guardería del centro: «Se ponían las cunas en fila y los veían a todos. Al cabo de unos días, faltaba un niño y, claro está, su madre también. Todas sabíamos que iban a escoger al niño que se iban a llevar, como si se tratara de un mercado».

El caso de los reformatorios dirigidos por religiosas no es exclusivo de España. De la actividad de ‘reeducación’ que hicieron las monjas irlandesas tenemos conocimiento gracias a la película “Las hermanas de la Magdalena”, y de sus homólogas francesas en la menos conocida “Almas perdidas”. En ambas se retrata con claridad el sistema de opresión, despotismo y violencia con el que eran tratadas las chicas, que en ocasiones las llevaban […] a los suicidios.


MADRES DESAPARECIDAS, MUJERES OLVIDADAS
“Contando la verdad silenciada”

14 de noviembre del año 2020