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No lleguemos tarde. La lucha contra el cambio climático como lucha por nuestro futuro.

Hoy, en el día internacional de la Madre Tierra, teniendo en cuenta la crítica situación climática en la que nos encontramos, es necesario, más que nunca, concienciar y tomar medidas para frenar los deterioros generados en el planeta por la acción humana.

La lucha contra el cambio climático es, sin duda, uno de los mayores desafíos de nuestros tiempos, que ya ha provocado múltiples alteraciones en nuestro entorno, muchas de ellas irreversibles y otras en camino de serlo, que nos empujan hacia un futuro incierto, en el que la continuidad de la vida en el planeta está en juego. La emisión de gases de efecto invernadero, aumentada exponencialmente por la actividad humana a través de, fundamentalmente, la utilización de combustibles fósiles – carbón,  petróleo y gas natural – altamente contaminantes, es la responsable de fenómenos tales como el aumento extremo de las temperaturas globales, la acidificación de los océanos, el deshielo en los polos, el incremento del nivel del mar, el aumento de los desastres naturales como huracanes o sequías, la degradación de los suelos, la deforestación o la contaminación y destrucción de ecosistemas con la consecuente extinción de especies animales y vegetales.

A diferencia de otros problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad y, debido a su carácter permanente (pues este no es un fenómeno pasajero al que se pueda vencer en pocos años), la lucha contra el cambio climático requiere de una acción continuada y conjunta por parte de la humanidad. Así lo reconoce la Convención Marco De Las Naciones Unidas Sobre El Cambio Climático cuando afirma que “los cambios del clima de la Tierra y sus efectos adversos son una preocupación común de toda la humanidad”.

La importancia que supone la lucha contra el cambio climático y las grandes transformaciones que se requieren para mitigarlo y adaptarnos a él, ha propiciado su inclusión en la Agenda 2030, que establece como uno de sus tres objetivos principales la protección del planeta. Por ello, no es de extrañar que de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que componen la Agenda 2030, cinco estén directamente relacionados con el medioambiente: Energía Asequible y No Contaminante (7), Ciudades y Comunidades Sostenibles (11), Acción Por El Clima (13), Vida Submarina (14) y Vida De Ecosistemas Terrestres (15).

Teniendo en cuenta que el aumento de la temperatura global es el fenómeno climático del que derivan todos los demás, no es de extrañar que tres de estos cinco objetivos estén encaminados a conseguir una reducción de la misma. Para ello, se hace especial hincapié en la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, fundamentalmente, a través de una eliminación gradual del uso de los combustibles fósiles, que suponen el 60% de dichas emisiones para, de esta manera, poder avanzar hacia una economía sostenible, basada en las energías renovables que, además de no conllevar riesgo alguno para la salud, no producen ningún tipo de emisión contaminante, siendo por tanto una solución limpia que evita el deterioro del planeta y garantiza el porvenir de las generaciones presentes y futuras. Tal como ha afirmado el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, “la adicción a los combustibles fósiles asegura una destrucción mutua”.

Además del cambio climático, la humanidad debe afrontar otro problema ambiental global diferente, aunque directamente relacionado, como es la destrucción de los ecosistemas provocada por nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza. En el ámbito terrestre, la deforestación, que cada año alcanza unos diez millones de hectáreas de árboles, y la degradación de los suelos, con el consecuente deterioro de la capacidad productiva de los terrenos, hacen que, por un lado, los medios de subsistencia de comunidades rurales y regiones empobrecidas se vean reducidos considerablemente, cuando no eliminados, y, por otro, que cada vez sean más las especies que se declaran en peligro de extinción. A todo ello, debemos añadir que mientras más se reduce la masa forestal global, más se reduce la capacidad del planeta de absorber las emisiones de CO2 a la atmósfera.

En cuanto a la vida submarina, el aumento de la temperatura de los mares y la acidificación de los océanos está teniendo graves consecuencias para la biodiversidad marina, albergada fundamentalmente en ecosistemas muy complejos como son los arrecifes de coral. Según Naciones Unidas el 70% de los arrecifes de coral está amenazado: el 20% de ellos ya está destruido sin esperanza de recuperación, el 24% corre riesgo inminente de colapso y un 26% más está en riesgo por amenazas a largo plazo.

Sin embargo, a pesar de las diversas normativas promulgadas a nivel mundial y las medidas colectivas que se han puesto en marcha, los avances son demasiado lentos. En palabras del secretario general adjunto de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, Liu Zhenmin, “el modo en que consumimos los recursos naturales está haciendo mella en la salud de nuestro planeta y, según algunas estimaciones, si la población mundial alcanza los 9.600 millones de personas en 2050, necesitaremos el equivalente a casi tres planetas de recursos naturales para mantenernos”. Por ello, desde diversos organismos y desde la sociedad civil se insta a los Estados por un mayor compromiso y una urgente toma de medidas capaces de evitar una destrucción climática mayor.

Desde FIBGAR, hemos focalizado nuestros esfuerzos en conseguir que se reconozca el crimen de Ecocidio en el Estatuto de la Corte Penal Internacional, entendido como “cualquier acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existe una probabilidad sustancial de que cause daños graves que sean extensos o duraderos al medioambiente”, según la definición consensuada por el Panel de Expertos Independientes de junio de 2021, del cual formó parte el director de nuestra Fundación.

Para el logro de estos objetivos, especialmente en un día como hoy, reafirmamos nuestro compromiso de seguir trabajando en la campaña Stop Ecocidio de la cual formamos parte, tanto en España como a nivel global.

De lo que hagamos ahora, dependerá el futuro de la humanidad.

Paula Almendros, colabora de FIBGAR.

Madrid, 22 de abril de 2022.