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Población y desarrollo

Se tardaron cientos de miles de años para que la población mundial creciera hasta superar los actuales casi 8 millones de habitantes. Y la población mundial seguirá aumentando significativamente. Según las últimas proyecciones demográficas de Naciones Unidas la población mundial aumentará en 2.000 millones de personas en los próximos 30 años, llegando a los 9.7 mil millones en 2050 y a los 11 mil millones en 2100.

Este proceso acelerado de crecimiento conlleva consecuencias dramáticas, que incluyen riesgos reales para nuestra supervivencia en el planeta, así como de las demás especies que lo habitan. Con el crecimiento demográfico el consumo de bienes y servicios se ha venido incrementando progresivamente, impactando la disponibilidad de recursos naturales, con efectos devastadores sobre el medioambiente, no sólo por la sobreexplotación sino además por la contaminación y el cambio climático que ello genera, amenazando seriamente el bienestar de las generaciones futuras.

La comunidad internacional empezó a interrogarse sobre los efectos del crecimiento demográfico ya en 1927 cuando fue celebrada en Ginebra la primera conferencia sobre la población mundial, impulsada económica e institucionalmente por grupos anglosajones, especialmente estadounidenses, preocupados por el “excesivo” crecimiento demográfico del mundo no occidental. Siguieron los congresos de Berlín (1935), Paris (1937), Belgrado (1965) y Bucarest (1974).

Esta última conferencia estableció que la planificación de la familia es un derecho fundamental de todas las parejas e individuos, derecho que fue reconocido por primera vez en la Conferencia Internacional sobre Derechos Humanos de Teherán (1968), que también llevó a la creación del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) (1969) con el fin de consolidar el derecho de la población a la salud sexual y reproductiva y a la planificación familiar integral.

Sin embargo, solamente en 1984, durante la Conferencia internacional que se celebró en México, se debatió por primera vez sobre la relación entre paz, seguridad y población. Estos debates sentaron las bases para la Conferencia del Cairo de 1994 donde se destacó tanto la interdependencia de las cuestiones mundiales de población con el desarrollo sostenible y el medioambiente, como la inclusión definitiva de la perspectiva de derechos humanos en los fenómenos de población y desarrollo. Además, la Conferencia del Cairo legitimó el concepto de derechos reproductivos, formalizando los consensos internacionales producidos desde la Conferencia de Teherán, y definió la planificación familiar como un derecho humano básico, basado principalmente en los derechos de las mujeres y su relación con el desarrollo.

Esta necesidad de hacer coincidir los programas y políticas de población tanto con las estrategias de desarrollo como con el respeto y garantía de los derechos humanos se recogió en el Programa de Acción aprobado en el marco de la Conferencia del Cairo y adoptado por 179 países con el objetivo de promover un desarrollo internacional inclusivo, equitativo y sostenible.

En 2015, la comunidad internacional también reafirmó el compromiso de poner a “las personas, el planeta y la prosperidad” en el centro del desarrollo sostenible y no dejar a nadie atrás, cuando adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Bajo el eslogan Adelantando la promesa, en noviembre de 2019, se celebró la Cumbre de Nairobi, donde se reafirmó la importancia del Programa de Acción para guiar las políticas y los programas de población y desarrollo, dentro del contexto de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y los Estados se comprometieron a emprender nuevas acciones para garantizar su implementación plena, efectiva y acelerada.

A pesar de los importantes avances, por desgracia, siguen existiendo enormes desigualdades y los nuevos retos demográficos se ven agravados por las crecientes presiones ambientales, entre ellas la amenaza inminente del cambio climático, el rápido proceso de urbanización y las migraciones, y también por las crisis desatadas por la pandemia que están exponiendo las fragilidades de nuestras sociedades.

Si bien los próximos años serán difíciles, la pandemia abre una importante ventana de oportunidad para reajustar la forma en que vivimos y garantizar un mundo más seguro, justo y sostenible que ofrezca a toda persona garantías para una vida sin discriminación en pleno goce de los derechos humanos.

Yeoungri Choi, colaboradora FIBGAR