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La importancia de una cultura de paz

El 21 de Septiembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Paz, destinado a recordar los avances en esta materia y a recapacitar sobre el trabajo que queda pendiente, acercándonos a uno de los principios más fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas:

“unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz”

La historia de la conmemoración de este día se remonta a 1981, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas oficialmente lo estableció como evento y fecha de observación mundial. En 2001, veinte años después y con la entrada del nuevo siglo, este mismo organismo publicó la resolución que convertía este día en una jornada de no violencia y alto el fuego.

Hoy en día, adoptamos un enfoque más transversal que no se limita a concebir la paz como simple ausencia de guerra (paz negativa). Deponer las armas es sólo un paso en la consecución de la paz, que se puede entonces lograr solamente respetando los principios de la justicia y de los derechos humanos. Sus garantes deben ser unas sociedades igualitarias y un mundo donde el pleno desarrollo para todos sus habitantes sea posible (paz positiva).

Esta conceptualización de la paz, que incorpora su dimensión social, tiene en cuenta factores económicos, políticos, jurídicos y culturales, y se basa en la suma de cuatro elementos fundamentales: desarrollo, derechos humanos, democracia y desarme.

Según el Índice Global de la Paz, publicado anualmente por el Institute for Economics and Peace, el nivel de paz mundial se ha deteriorado en un 0.3% durante este último año. Esta no es más que la continuación de una tendencia ya conocida; en once de los últimos catorce años los niveles de paz han empeorado, dejándonos hoy con una caída global del 3.3% desde 2008, y ningún año bueno desde 2014.

Las peores caídas de datos tienen que ver con el terrorismo político, las relaciones entre países vecinos, la intensidad del conflicto interno, el número de refugiados o personas desplazadas contra su voluntad y la inestabilidad política.

Las regiones menos pacíficas siguen siendo Oriente Medio y África del Norte, mientras que Europa permanece la más pacífica; con la expectación obviamente de la guerra en Ucrania.

El número de personas desplazadas alrededor del mundo ha aumentado en 57 millones desde 2008. Contamos 17 países donde al menos el cinco por ciento de la población son refugiados o desplazados internos; Sudán del Sur tiene un 35% de población desplazada, y Somalia o la República Centroafricana tienen más de un 20%.

La Paz también tiene una vertiente económica. El coste global de la violencia en 2021 fue de 16.5 trillones de dólares, equivalente al 11% del PIB global, o unos 2.117 dólares por persona. Este dato supone un incremento de un 12.4% (unos 1.8 trillones de dólares) con respecto al año anterior, sobre todo por el aumento en gasto militar. 

«Pon fin al racismo. Construye la paz» es el tema elegido para 2022, que apunta a recordar la importancia de “practicar la tolerancia y a convivir en paz” y “promover el progreso económico y social de todas las personas”, según establece el Preámbulo de la Carta de San Francisco.

Como ha recordado António Guterres, secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), “el racismo sigue envenenando las instituciones, las estructuras sociales y la vida cotidiana en todas las sociedades, sigue siendo un factor clave de la desigualdad persistente, desestabiliza las sociedades, socava las democracias, erosiona la legitimidad de los Gobiernos, y es un flagelo que además se encuentra inequívocamente ligado a la desigualdad de género.

Si quieres conocer más sobre la importancia de la cultura de paz, descubre las guías que hemos elaborado en el marco del proyecto Jóvenes para una España diversa (JESDI) cofinanciado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.

María Arthur Lloret, colaboradora de FIBGAR.

Madrid, 20 de septiembre de 2022.